viernes, 10 de octubre de 2014
"Y hoy... ¿Qué me pongo?"
Allí estaba yo una vez más, parada frente a mi poco espacioso y compacto clóset, con una mano me rascaba la cabeza, mientras con la otra buscaba tratando de que no se me viniera toda la ropa encima, preguntándome mil veces "¿Y yo qué me voy a poner hoy?"...
Todas las mujeres vivimos la mayoría de nuestro tiempo preocupadas por lo que vamos a usar: si nos invitan a salir, a una fiesta, o a una simple reunión, inmediatamente después de aceptar, nos ponemos a analizar mentalmente cada una de las opciones que nos harían ver espléndidas para la ocasión... no ir muy sencilla, ni excesivamente arreglada, de vernos naturales y no tan combinadas, de no vernos "rellenitas", o de procurar no ir vestidas igual que alguien más... ¡Es increíble lo rápido que lo hacemos!. Siempre estamos pendientes de los miles de outfits que salen en Internet para utilizar nuestra ropa y lucir diferente a las demás, pero después, al abrir las puertas del clóset, nos quejamos de que no tenemos nada que ponernos aun cuando el pobre esté por explotar.
Impresionantemente, la vestimenta se ha convertido en la mejor amiga de la mujer, en su aliada número uno, y ha tomado más lugar del que debería en su vida: se ha convertido en su coraza, en una armadura para ser aceptada, para encajar y ocultar su inseguridad, para resguardar su autoestima, y hasta para robarle toda la vida a algunas. La apariencia es su "carta de presentación" a la sociedad.
Ese día, mientras buscaba entre mi apretada ropa, pensé: "¿Y hoy cómo estás vistiendo tu corazón?"... Seguidamente me quedé en blanco, y lo admití. Si, es cierto... Inadvertidamente estamos gastando tanto tiempo en cubrir nuestra apariencia y disfrazarla, que estamos olvidando lo que verdaderamente deberíamos vestir: nuestro corazón. Lo estamos vistiendo con harapos de vanidad y lo estamos cubriendo de inseguridad... Hasta hemos llegado a competir y algunas a codiciar y torturarse por sólo pedazos de tela que algún día se comerán las polillas.
¡No quiero vestir así mi corazón nunca más!... Quiero llenarlo de amor por mí y aún más por los demás, le quiero bordar perdón por todos sus rincones y llenarlo de miles de prendas como la fe, el respeto, la tolerancia, la sinceridad, la pureza, la creatividad, la alegría... y siempre ponerle una hermosa capa de esperanza. No quiero vestirlo con calzado lujoso, sino que siempre se ponga el del prójimo para comprenderlo y aceptarlo. Tampoco quiero que use accesorios deslumbrantes, prefiero para él la humildad y la sabiduría; ni preocuparme por las tendencias, sino preocuparme por agradar a Dios y defender lo que creo. Que sea auténtico y no lleno de hipocresía, ni que sea egoísta, frío o cruel.
El vestido, junto con todo lo que tenemos, un día dejará de existir, pero nuestro corazón y lo que somos, no. Si vistes tu corazón antes que tu apariencia, entonces si serás única y si resaltarás entre todas. No te preocupes de tener un clóset lleno o vacío, o de estar dentro o fuera de moda... preocúpate por que tu corazón no esté desnudo.
"... Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan; sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos. Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arraigada al horno ¿no hará mucho más por ustedes?..." Mt. 28-30.
La apariencia si hace mucho, pero no lo es todo en la vida. Primero viste tu corazón, y está pendiente de que tu tesoro esté en ser mejor cada día, de buscar de Dios y depender de Él... "¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más valor que la ropa?".
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario