Cuando el temor se asome a tu vida, debes mostrarle cuan grande es tu Dios. Él no te ha hecho cobarde, sino que te ha dado un espíritu de poder, amor y dominio propio. Él te dice miles de veces: "no temas...esfuérzate y sé valiente".
Cuando la soledad te diga que no hay nadie más, ignórala hablando con aquél que está atento a nuestro clamor y oye nuestra oración... Sólo necesitas un corazón humillado y unos oídos dispuestos a escuchar su voz.
Cuando la tentación se asome, recuerda que el verbo se hizo carne y fue varón perfecto, que fue tentado y no se rindió. Al ser imitador de Él y amarle con todo tu corazón, tendrás las fuerzas que Él tuvo y serás como Él fue.
Cuando sientas que ya no tienes otra oportunidad, clama a Dios por esa sangre derramada en la cruz para limpiarte y para llegar a su presencia. Su gracia no se agota, su perdón no demora.
Cuando sientas que no hay amor en tu vida, recuerda que Dios dio a su único hijo en el más grande gesto de amor que haya podido existir para que tengas una vida eterna con Él. Nada podrá separarte de su amor, ni siquiera la muerte.
Si alguna vez te sentiste inútil, y no sabes tu razón de existencia, recuerda que Dios te ha creado con talentos y habilidades para que cuides, multipliques y los utilices para agradarle... ¿Qué otro mejor motivo de existencia?
Cuando hay debilidad, Dios te da fuerzas como de búfalo. Cuando hay tribulación, Dios te da su paz que sobrepasa todo entendimiento. Cuando tienes fe "como una semilla" verás su grandiosa obra y sus maravillosos milagros. Cuando hay arrepentimiento, hay frutos. Cuando hay adoración, hay liberación. Cuando hay una lucha... vendrá una gran victoria.